Horror, llega el verano. La época en la que más se suda, los meses en los que los humanos se comportan como perros que sólo desean olisquear los culos de sus congéneres. Si no fuera así ¿para qué iban a hacinarse en las playas? ¿Qué sentido tiene buscar esta vecindad de otras carnes tan espantosa? Yo, Maldonado, jamás llegaré a comprenderlo.
Verano para mí es una cerveza fresquita en la penumbra de mi piso de Pedro Antonio de Alarcón 55, unos calamares y unas patatas fritas y una película con Hedi Lamarr o Marlene Dietrich como protagonistas, placeres conspicuos donde los haya.

Sí, lo confieso: estuve espiando. No pude resistir la tentación. El lunes, día nueve de mayo, me asomé a las instalaciones del Centro Andaluz de las Letras de Málaga (en esa calle Álamos sin álamos ni árbol ninguno) , donde se suponía que ibana a hablar de mí. En efecto ¡no pararon! Que si MALDONADO es así, que si Maldonado es asao...Qué manía, dios. Pero, sobre todo, lo que más rabia me dió, fueron las especulaciones sobre Paola (que por qué se casó conmigo, si ese matrimonio va a durar mucho....). Peor que en cualquier programa de cotilleo. A la supuesta escritora no llegué a verle la cara. Sólo vi el extremo de una pierna que se balanceaba con un enorme taconazo blanco...Qué frívola. Cuánta trivialidad a costa de mi pellejo...

Hasta en mis vastos dominios marinos se nota la llegada de la primavera, estación restallante de luz y feronmonas. Sé que, en la tierra, las chicas visten con ropas más ligeras y seductoras y que incluso dejan ver sus pies a través de calzados imposibles...
En las praderas marinas, sirenas y otras criaturas acuáticas no varían su atuendo, con lo que el efecto erótico de su práctica desnudez casi se borra del todo.
Cómo suspiro, yo, todo un dios, Poseidón, señor de los mares, por un poco de tierra en primavera...

Esto parece una pesadilla: otra vez hablarán de mí...La escritora (usurpadora la llamaría yo) ésa, Herminia Luque Ortiz, que se ha apropiado de mi historia, de mi vida, hasta de mi persona, se va ahora a Almería, a Huércal-Overa.Parece como si no se contentase con sus límites provinciales. Esto es el colmo. ¿No hay quien le diga tres frescas? Tendré que hacerlo yo, personalmente, algún día.
Ah, y fíjense: compartiendo cartel con Juan Madrid. Qué descaro.

¡Qué descaro! Fíjense en ese señor de la derecha. Tiene un libro sobre la mesa en el que supuestamente se habla de mi vida y peripecias. Tuvo el atrevimiento, además, de abrirlo y leer, con gran vehemencia, el primer párrafo, aquél en el que se dice que odio el mar....
La que dice ser la autora se puso a hablar de otras cosas (leyó cosas rarísimas sobre "la mujer fea en el siglo XIX", en contra de toda actividad deportiva, hasta un relato con un señor de bigote y tricornio dentro...). Al menos, esta vez, me dejó tranquilo.
Pero Juan Carlos Friebe, no. Erre que erre con Maldonado y sus manías particulares.
Temblando estoy desde que lo he sabido: otra vez va Herminia a Granada a hablar de no sé qué (ella dice que de literatura). Espero que no vuelva a leer nada de "Bitácora de Poseidón", que me deje en paz ya de una vez. Y se dedique a leer esos aforismos que tanta gracia le hacen a ella y esos libros de ensayo que tanto le gustan. Y se olvide de mí y de Sara Mar y de Rebeca y de Transverberación López Guijarro, alias Berbie...
Si fuera capaz lo haría: iría, discretamente agazapado en mi disfraz de GTI (Gran Tímido Irredento) para comprobar que, efectivamente, Herminia se ha olvidado ya deMaldonado. El 19 de febrero, sábado, a las doce.
Sí, me gustan los calamares en salsa americana ¿y qué? Son pesados y poco digestivos (como yo, tal vez) ¿y qué? ¿No hay gente que le da al dyc cola sin tasa ni remordimiento algunos? ¿No existen los vegetarianos crudívoros que sólo ingieren alimentos vegetales no cocinados? Cada cual arrastra sus manías y muchas veces no sabe por qué. Cuando me preguntan por mis manías, me encojo de hombros y digo: "Maldonado y yo somos así".